Creíamos que no podíamos volar, que los cielos eran demasiado altos para llegar a ellos.
Creíamos ser solo de un país y nos dimos cuenta de que pertenecemos a un mundo.
Creíamos que todo había terminado y descubrimos un nuevo inicio.
Creíamos ser débiles hasta que ser fuertes fue nuestra única opción.
Creíamos no tener nada cuando en realidad lo teníamos todo.
Creímos que lo posible era imposible hasta que nos atrevimos.
Creíamos haber creído... Y en realidad habíamos dejado de creer.
Dejamos de creer al mismo tiempo que dejamos de pertenecer, de soñar, de intentar, de arriesgar y tal vez de existir.
Dejamos de creer en la humanidad.
Dejamos de creer en nosotros.
Dejamos de creer en Dios.
Y cuando dejas de creer el miedo crece, la ignorancia avanza, los esfuerzos se reducen, la apatía resguarda y los sueños se acaban.
Cree en tu palabra y cumplela, te abrirá demasiadas puertas.
Cree en tus habilidades y dones; nadie más posee lo que tu tienes.
Cree que cada error te acerca más a donde quieres llegar.
Cree en la gente aunque te decepcione; seguramente tu también has decepcionado a alguien.
Cree en ti mismo. A veces es en quien menos creemos, pero quien más puede lograr.
Cree en Dios.
Creer no es ilusionarse; creer es actuar.
Creer no es soñar; creer es volver el sueño realidad.
Creer no es demostrale a los demás; creer es demostrarte a ti mismo.
Creer no es decirlo; creer es hacerlo.
Creer no es caer; creer es levantarse.
Creer no es detenerse; creer es continuar.
Creer es saber que aunque las cosas no han salido bien, un mal tiempo no es eterno... Todo cambiará y entonces lo vuelves a intentar, aunque estés cansado, aunque estés abrumado, aunque parezcas derrotado... Porque creer es ir más allá de lo que puedes imaginar aún sin importar las circunstancias.
