En muchas ocasiones, a lo largo de la vida morimos un poco;
a veces sin saberlo y otras cuantas morimos estando conscientes de ello, pero
seguimos con los ojos abiertos, caminando e inclusive viviendo… muertos.
¿Cuándo morimos?
Uno no muere cuando le falta la respiración, muere cuando le
falta el aliento.
Muere cuando ya no hay sueños por realizar.
Muere cuando ya no hay personas a quien amar.
Uno no muere al cerrar los ojos, muere cuando la fe y la
esperanza se vuelven sólo palabras.
Morimos cuando dejamos de creer.
Morimos cuando dejamos de intentar.
Morimos un poco cuando alguien importante nos traiciona.
Uno no muere cuando el corazón deja de latir, muere cuando
el amor ya no lo hace vibrar.
Muere un poco cuando un beso deja de hacerte tocar el cielo.
Muere un poco cuando dejas de amar y cuando te han dejado de
amar.
Uno no muere al alejarse, muere cuando la distancia duele.
Morimos cuando el orgullo es más grande que el perdón.
Morimos cuando el miedo es más fuerte que valor.
Morimos un poco cuando la mentira vale más que la verdad.
Uno no muere para dejar de existir; uno vive para nunca
morir.
Para quedarte en el recuerdo de tus generaciones,
para dejar huella en un país, para impactar a una sociedad,
en una familia o en una persona.
Uno vive cuando en vez de esperar, tiene algo por ofrecer.
Vive cuando tiene motivos para rendirse, pero más para
seguir adelante.
Vive cuando el aprende a tomar el viento a favor para volar
más alto.
En realidad, no se trata de cuanto has muerto hasta el día
de hoy,
Se trata de cuanto sigues avanzando y que, a pesar de los
pesares sigues con vida.
Porque puedes morir un poco, pero son más los instantes que
te tienen con vida que los que te la quitan.
